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Historia

Siempre me preguntan cómo incorporé esto de la risa a mis técnicas terapéuticas.

Suelo responder que las circunstancias fueron varias y a lo largo del tiempo, sin que ninguna de ellas pueda señalarse como "La" causa.

No es algo que me propuse sino que surgió como hallazgo. Fue dándose al evaluar la respuesta que iban teniendo los concurrentes a las actividades de un grupo terapéutico comunitario que yo había formado.

Lo había iniciado ya hacía un par de años e iba renovándose y creciendo en el tiempo en un amplio salón facilitado por los frailes carmelitas descalzos de esta ciudad.

Por esos días pude realizar en un grupo de formación para psicoterapeutas una breve experiencia gestáltica de risa grupal, recurso que en esa oportunidad se instrumentó simplemente para contactarse con la emoción generada.

Allí me di cuenta cuánto cambia el clima interno de una persona, en lo inmediato, cuando aprende a reír "a fondo" varios minutos, con verdadero placer.

Después comprobé personalmente su efecto a largo plazo, cuando se instala este hábito risueño para enfrentar circunstancias adversas.

Experimenté que uno logra mantener una actitud mental diferente y positiva, se olvida de las preocupaciones, y sanea el hiperactivismo neurótico que nos lleva a no "perder el tiempo" compartiendo simplemente alegría con amigos.

Después de esta experiencia, decidí un día probar la instrumentación de la risa en los integrantes del taller. Logré que participaran; pero les costaba mucho dejarse llevar por la hilaridad que les proponía: Las carcajadas no se escucharon; solo algunas risas más atrevidas, y la mayoría sólo contribuyó sonriendo.

En Córdoba, por esos años (1997-98) no se hablaba de la risa ni se la utilizaba como recurso terapéutico - y creo que durante un largo tiempo el recurso de la risa puede generar resistencia en algún colega – El mismo taller de "autoestima" era visto con cierto recelo por la gente "tradicional y seria" ya que alguno lo asociaba a cosas de la New Age. Me di cuenta cuánto debíamos trabajar los mandatos limitantes, sociales-culturales-familiares, etc. para flexibilizar la rigidez mental.

Siendo Córdoba una ciudad con tradiciones arraigadas, no resultó fácil trabajar estos temas en el taller de autoestima sin que surgiera el miedo a cierta devaluación de la cultura.

En mi consultorio, durante las sesiones individuales utilizaba con el
consultante el humor y la risa naturalmente, así aflojaba las defensas más severas y acortaba la distancia paciente-terapeuta.

Implementar la risa como herramienta terapéutica, requirió esfuerzo; psicodinámicamente diría que hubo muchas resistencias a vencer.

Los medios de comunicación que visitaron el taller, colaboraron muchísimo a que la sociedad aceptara la risa como un medio de salud preventivo y curativo.

El clima que se instala espontáneamente es de alegría y buena onda. Los periodistas que nos visitaron así lo describieron, y, sin proponérselo, el diario La Nación bautizó el taller en su publicación del 23 de julio de 2001 donde lo llamaba el "taller de la alegría".

La gente comenzó a preguntar por teléfono "Es allí donde dan "El Taller de la Alegría?"... Así se siguió llamando.

Hoy el taller está consolidado, asisten semanalmente por reunión, alrededor de 150-200 participantes.

El Taller de la Alegría está abierto a toda la comunidad: Es gratuito, lo integran varones y mujeres de toda edad, de diferente credo religioso o nivel socio-económico-cultural.

Para complementar la tarea masiva del Taller de la Alegría he comenzado a implementar grupos reducidos para poder contactar personalmente con cada integrante. Se limita el número de participantes a 15 o 25 según cada modalidad. Entre ellos "El Club de la Risa", "El Taller de Risa y Juegos gestálticos", y otros talleres aún "sin bautizar"


Agradecimientos

El Taller de la Alegría se ha ido construyendo con la participación de todos los que han acudido a sus reuniones alguna vez, por algún tiempo, o desde que se fundó.
Los participantes acercan sus testimonios para compartir, lo que enriquece y da vida al taller. Siempre hay alguien que aporta algo importante.

Por ello me siento bien al poder agradecer desde este medio a quienes de una u otra forma han dado y continúan dando su apoyo a este taller.

Con sincero afecto.


Katy

 


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