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Edición Nº 39 - Año II  (Fragmento)
(temas desarrollados en el taller de la alegría)
El contenido de esta publicación está protegido por las leyes de Propiedad intelectual. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de su autor.
 

La convivencia en la vida familiar
(donde se construye la autoestima)



"¿Qué he de hacer para amar a mi prójimo? "Preguntó el discípulo al maestro.
"Deja de odiarte a ti mismo", respondió éste.
El discípulo meditó y regresó para decirle al maestro:
"Pero si yo me amo demasiado a mi mismo. ¿Cómo puedo librarme de mi egoísmo?"
"Se amigo de ti mismo y tu yo te dejará en libertad para amar a tu prójimo"

(Anthony de Mello)


La familia es la sede del amor, donde construimos la autoestima desde la más temprana edad, sea adecuada o no, baja o alta, y la seguimos construyendo o deteriorando luego a lo largo de la vida.

Podemos revisar cómo se construyó hasta ahora nuestra autoestima, o la autovaloración. Si está averiada siempre hay tiempo para su reparación y consolidación.

-El punto de partida será : AQUI Y AHORA. Y para qué:

-para vivir mejor en adelante.

A cualquier edad, lo más importante es la cortesía en el trato mutuo, la buena educación y el respeto por las personas con las que uno convive y comparte tantas horas.

Para que esta saludable convivencia se instale en el hogar y permanezca, el secreto es ser educados y corteses en el trato cotidiano.

Sucede que ese trato y atenciones que le damos a los extraños y desconocidos: (cordial, correcto, amable etc) no es el que siempre le brindamos a los integrantes del grupo familiar o el que recibimos.

Decía Dorothy Dix: "Es asombroso que las únicas personas que nos dicen cosas mezquinas, insultantes, hirientes, son las de nuestras casas".

Sólo con los integrantes de nuestra familia, que son las personas más queridas y más cercanas, y que forman parte de nuestra historia, nos adjudicamos el derecho de maltratarlas por cualquier motivo:

"¡Tarado! ¡Imbécil! ¡No te das cuenta, tonto! ¡Siempre el mismo idiota! ¡Pará, tonto!

Si hemos llegado a creerlo desde chicos y a pensarlo de nosotros mismos, seguramente alguna avería tendrá nuestra autoestima. La baja autoestima o autoestima dañada está relacionada con una distorsión del pensamiento, se tiene una forma inapropiada de pensar de uno mismo:

¡Todo lo hago mal! ¡Nunca voy a aprender! ¡Hacelo vos que yo no puedo! ¡Nunca seré capaz! ¡Siempre me dijeron inútil, por algo será! ¡Siempre me equivoco!...

En algunos países de Europa, antes de entrar a su casa, dejan el calzado en el umbral. Podemos adoptar esta costumbre en forma simbólica:

-antes de entrar a casa dejar afuera los problemas, las insatisfacciones, el negativismo que se nos pega en los distintos ámbitos que frecuentamos diariamente.

O como el señor del cuento, que hablaba con el árbol:

-"Una noche llegó un caminante a una posada a pedir ayuda y así seguir su camino. Junto con él llegaba también el dueño del lugar. Al ser requerido, le pidió que lo aguardase un momento, mientras fue y se detuvo frente al árbol; el caminante advirtió que le hablaba por los gestos, como si le colgara algo en las ramas.

Luego volvió para recibir al caminante. Como era ya tarde, le ofreció albergue. A la mañana, antes de acompañarlo a la salida, nuevamente le pidió que aguardara un momento.

Otra vez vio que el hombre se puso frente al árbol, hizo gestos parecidos a los de la noche anterior. Mientras el viajero se iba sintió curiosidad y le dijo: ¡Tengo una curiosidad, ¿qué hace usted frente al árbol? ¡Es como si le hablara!

Así es, le respondió. 'Todas las mañanas cuando salgo a trabajar le pido que me tenga todas las preocupaciones, broncas, malestares... y cuando regreso hago lo mismo, no quiero contaminar mi hogar con esas emociones negativas, y tampoco mi lugar de trabajo.

A veces, cuando le cuento esas cosas, me doy cuenta que muchas de ellas que le colgué antes, ya desaparecieron y me siento aliviado."-


En el trato diario, doméstico y sin máscara, habremos de ser corteses y de buen humor con quienes habitan la casa.

De las muchas faltas de aprecio que uno recibe entran a jugarle malas pasadas la desconfianza en uno mismo y la falta de seguridad. Disminuye la estima hacia uno y dificulta el proceso de la autoaceptación. Corremos el riesgo de hacernos lo que nos hicieron.

Interiormente, es preciso saber estar del lado de uno, no creer todo lo negativo que se nos dice.

La autoestima es esencial para una adecuada inserción socio-afectiva, y para sentirse cómodo con uno mismo.


 


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