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Edición Nº 24 - Año III  (Fragmento)
(temas desarrollados en el taller de la alegría)
El contenido de esta publicación está protegido por las leyes de Propiedad intelectual. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de su autor.

 

Auto-promoción de la mujer

Desde una postura constructiva.

Autorrealización: un derecho; una opción.

No se trata de una mirada feminista, sino la mirada que invita a la autorrealización como persona que tiene derechos y que puede hacer sus opciones adultas.

La mujer ha desempeñado un rol muy importante en la perpetuación de la especie: transmisora y protectora de la vida humana.

Las mujeres que son la mitad de la población mundial, en su mayoría siguen discriminadas y marginadas. Ellas no están conscientes de sus derechos.

Cuento de A. De Mello:  "Los camellos"

"Por el desierto llevan 30 camellos, al llegar la noche, según la costumbre, a cada camello lo atan a una pequeña estaca y se queda pasivamente hasta que a la mañana siguiente lo deshatan, le dan su ración de comida y luego parten hacia otros lugares con los camellos.

Sucedió que en una oportunidad llevaron 30 camellos y 29 estacas. Uno de los animales quedaría suelto por la noche y se perdería en el desierto. Entonces el ayudante que era nuevo y no conocía el comportamiento de dichos animales, cuando le tocó atar al camello número 30 se dio cuenta que faltaba una estaca, y le dice al dueño –"vamos a perder un camello esta noche por que falta una estaca"

El patrón le responde que los camellos son muy zonzos, que hiciera movimientos que indican que lo está atando y él se lo va a creer. Así lo hizo y el camello se comportó como si estuviese atado.

Se dispusieron a descansar para pasar la noche. Al día siguiente, el ayudante desható uno por uno a los animales, cuando llegó al número 30 vio que el animal no se movía y le dijo al patrón que ese camello debe estar enfermo. –No, le responde. Es que cree que está atado, hay que hacer los movimientos como si se lo deshatase y él se va a levantar inmediatamente para ir a comer su ración. Así lo hizo el ayudante. El camello se levantó y se fue con los demás camellos."

Dice el autor, que nosotros somos como ese camello cuando estamos atados a mandatos o tradiciones limitantes y no nos damos cuenta que podemos deshacernos de ellos.

En nuestra sociedad las mujeres viven diferentes niveles de su evolución, tienen diversos grados de educación y cultura.

-Hay un porcentaje que se ha liberado y emancipado en todo sentido, estas mujeres pueden elaborar proyectos para lograr metas deseadas.

-Una gran franja femenina lucha por lograrlo y desconoce las herramientas con que cuenta para ello.

-Otro gran número ha despertado y aún no reacciona para actuar.

La mayoría de las mujeres de diferentes culturas fueron educadas bajo la vigilancia de los padres y no podían vivir su libertad como sus hermanos varones. (había un libro de lectura para las niñas y otro para los varones; -se lo puede consultar en la biblioteca museo de Bs.As.-)

Luego casadas, el marido o amante la manipula, censura su conducta, controla sus movimientos y la tiene bajo su mirada; le condiciona la libertad para actuar, dispone de su tiempo y de ella misma. La mujer sufre por su propia ignorancia.

Siendo ya los hijos adultos ella permite que juzguen su conducta, les da explicaciones, no tiene vida propia y cree que así debe ser la vida de la mujer. En la familia tradicional la mujer no disfruta de la libertad, y desconoce que ésta es un derecho humano fundamental.

Aprendió de la cultura a tener un concepto muy limitado de lo que es una familia, de lo que es la vida de la mujer; aprendió a ser la eterna cuidadora del marido, de los hijos, y de los demás como toda su meta. ( Mafalda: Susanita de Quino)

Y no piensa en ella misma, no está acostumbrada a gratificarse, a hacer cosas de su propio interés. No puede pensar que su marido no es un discapacitado para tener que estar constantemente a su cuidado y servicio.

La tradición, las costumbres y la educación le inculcaron estos valores como únicos y verdaderos que rigen su vida. Vive restringida a esos espacios limitados. Podemos recordar el clásico cuadrito para el día de la madre: "madre, reina del hogar" Es decir que es reina dentro del hogar...

Ella no ha podido actuar en diferentes campos de la vida como ser humano por carecer de información, autoconocimiento, autosolvencia y autoliberación. La mujer así es un canario de jaula. Estamos refiriéndonos a la mujer no emancipada, dependiente, que desconoce sus derechos, que no internalizó los elementos psicológicos suficientes para pensar por sí misma y actuar por su cuenta como algo natural.

No sabe que decidir es un atributo inherente a la condición humana.

El lugar donde le toca a uno vivir "es un teatro - como dijo Ch. Chaplin,- que no admite ensayos" y cada uno tiene que tomarse los espacios, que por justicia y derecho le corresponden, y actuar, hacer diferentes actividades, aprender por ensayo y error.

El interés y el deseo por lo material, social, espiritual, etc., conducen a una vida sana y equilibrada, también en la mujer.

En los últimos cuarenta años del Siglo XX, el despertar social de la mujer es un hecho histórico sin precedentes. Están las condiciones dadas para que ella sea protagonista de cambios importantes en las distintas áreas humanas, del nuevo Siglo que iniciamos.(...)
 


¡QUE FELIZ SERIA SI TUVIERA
LO QUE TODAVIA NO TENGO!



En la cultura occidental, (en nuestra cultura), observamos que hay grandes avances positivos y conquistas sociales que benefician a la sociedad. También están los que crean necesidades y al mismo tiempo imposibilitan satisfacerlas, y constituyen sólo una trampa para que nunca dejemos de desearlas.

Y nos fascina todo lo "nuevo". La palabra nuevo se ha transformado en un argumento de consumo poderoso, no importa qué es lo que está en juego, lo que importa es que sea "nuevo".

Entramos en un juego que no termina más, ese de creer que cuando consiga "aquello que no tengo, voy a ser feliz".

Podemos darnos cuenta de la ansiedad que padece la sociedad actual, al detenernos a reflexionar acerca de algunos conceptos terminados en ISMOS.

-el materialismo: sólo importa lo que se toca y se ve. El deseo de posesión, la cultura de tener siempre más.

-el hedonismo: se busca el bienestar y el placer, disfrutar de los bienes materiales, que dejan insatisfechos siempre.

-el consumismo: la necesidad de consumir lo que venga, desde cosas superficiales, hasta servicios, viajes, información, relaciones, etc.

-el erotismo: se consumen relaciones siempre nuevas y descartables en el sexo trivializado.

-el nihilismo: desprecio por todos los valores superiores. Deja al hombre sin puntos de referencia y sin asidero.

 

El cuento que sigue nos puede aclarar algo al respecto.

 El círculo del noventa y nueve.

De una idea de B. Rajneesh, en los tres tesoros. (Recopilación de J. Bucay en Recuentos para Demián)

"Había un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba con el desayuno y despertaba al rey, contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día, el rey lo mandó llamar.

-Paje- le dijo -¿cuál es el secreto? -¿Qué secreto, Majestad? -¿Cuál es el secreto de tu alegría? -No hay ningún secreto, Alteza. -No me mientas. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira. -No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. -¿Por qué estás siempre alegre y feliz?. -Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados, y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?

-Nadie puede ser feliz por esas razones que me has dado.

-¡Vete antes que llame al verdugo!, dijo el rey. El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, vistiendo ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le preguntó: -¿Por qué él es feliz?. -Ah Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.

-¿Y eso es lo que lo hace feliz?

-No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz. -Así es. -Y él no está. -Así es. -Y cómo salió?. -¡Nunca entró!. -¿Qué círculo es ese?. -El círculo del 99.

-Verdaderamente, no entiendo nada. -La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos. -¿Cómo?. -Haciendo entrar a tu sirviente en el círculo.

-Obliguémoslo a entrar. -No Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

-Entonces habrá que engañarlo. -No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo. -¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?. -Sí, se dará cuenta. -Entonces no entrará -dijo el rey. -No lo podrá evitar. -¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en el ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?.

-Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?. -Sí. -Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos.¡99!. -¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?. -Nada más que la bolsa de cuero. -Majestad, hasta la noche. Esa noche, juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje y esperaron hasta el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le colocó un papel que decía:

ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.

DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE CÓMO LO ENCONTRASTE.

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.

El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa.

Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había sacado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!. Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. Las tocaba y amontonaba. Jugando, empezó a hacer pilas de 10 monedas hasta que formó la última pila: 9 monedas!!!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa."No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja. -Me robaron -gritó, me robaron, malditos!!. Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro, "sólo 99".Es mucho dinero, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y el asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien? Todo el tiempo hablaba solo en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. "Doce años es mucho tiempo", pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas:! sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. Era demasiado tiempo!!!.

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender.

Estaba haciendo calor. ¡Para qué tanta ropa de invierno?. ¿Para qué más de un par de zapatos?. Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio volvieron al palacio.

El paje había entrado en el círculo del 99...

...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba del rey golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

-¿Qué te pasa? -preguntó el rey de buen modo. -Nada me pasa, nada me pasa. -No hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

-Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes que el rey despidiera al sirviente que siempre estaba de mal humor."

El mandato fuerte de nuestra cultura es que siempre nos falta algo para estar completos, y que sólo completos podemos ser felices. 

Y como siempre nos falta algo... nunca nos detenemos para disfrutar de lo que sí tenemos.
 


Fragmento del Folleto Nr. 28

Cuento: Cuestión de imaginación.

"Al monarca no le gustaban las paredes lisas del palacio, por lo que pidió que en todas ellas hubiera pinturas.

Un pintor se dedicó a decorar las paredes con hermosas pinturas. Cuando hubo acabado, los cortesanos y el mismo rey quedaron muy complacidos. Pero el monarca tenía un ama mayor, que le había cuidado cuando niño. La anciana no pareció impresionarse mucho con las pinturas y al ver los cuerpos pintados de seres humanos y animales, preguntó:

-Pero ¿dónde está la otra parte, el otro lado de los cuerpos?.

El monarca rió de buena gana y dijo:

-ese otro lado tiene uno que imaginárselo.

La anciana empezó a pintar entusiasmada desde aquel día. Durante semanas estuvo en su estancia pintando lienzos y más lienzos. Después fue a visitar al monarca, que le tenía gran cariño.

-Señor -dijo- no he dejado de practicar la pintura ni de noche ni de día. Estoy segura de que mis pinturas serían mejores que las que hay en las paredes ahora.

El rey le dijo: -Yo no puedo negarte nada. Si lo deseas, blanquea las paredes y pinta tú lo que quieras sobre ellas.

-Así lo haré, Señor -dijo muy complacida la anciana.

Blanqueó las paredes y durante días hizo en ellas sus pinturas. Fue pintando por separado miembros humanos y de animales. Una pierna aquí y un brazo allí; una oreja en una parte y la nariz en otra. y así fue cubriendo las paredes del palacio. Cuando el monarca tuvo ocasión de contemplar las pinturas, se quedó atónito y apenas podía hablar.

Pero, qué se te ha ocurrido hacer? ¿Qué es esto?

La anciana repuso:

-He pintado, señor, eso es todo. No hay una pintura completa. Hay que imaginarse el resto.

El monarca no podía creer lo que estaba sucediendo. Decidió calmarse retirándose a sus estancias, pero al ir hacia ellas, encontró una gran pared en la que había simplemente brochazos con pintura verde. ¡Eso era demasiado! Preguntó a la anciana: -¿Y esto?

La anciana repuso: Está claro, señor. No se cómo no podéis verlo. Es una vaca pastando.

-Pero. ¿Dónde está la vaca? -Preguntó el rey, perplejo.

Y la anciana dijo: -Después de pastar, la vaca se fue al establo."

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- Además de tu lógica hay otras lógicas.

Por ello, no impongas nunca dogmáticamente la tuya -


 


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