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Edición Nº 22 - Año I  (Fragmento)
(temas desarrollados en el taller de la alegría)
El contenido de esta publicación está protegido por las leyes de Propiedad intelectual. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de su autor.
 

Liberarme de la vieja prisión interior
¿puedo o no puedo?



CUENTO del libro Recuentos para Demián, de J. Bucay.
(De un viejo relato talmúdico citado por Martín Buber).

Relata la historia de un hombre común, seguro de su trabajo. Y un día, por que alguien decidió que algo cambiase, este hombre común, de golpe perdió su trabajo y se transformó en un desocupado. Ese hombre era el portero del prostíbulo.

El portero del prostíbulo

"No había oficio peor conceptuado y peor remunerado que el de portero del prostíbulo. Ese hombre no había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. Era su puesto, por que su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y también la portería.

Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

-A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que crea convenientes.

-Me encantaría satisfacerlo, señor- balbuceó -pero yo...yo no se leer ni escribir.

-¡Ah! ¡Cuánto lo siento!. Como comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir.

-Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...

No puedo hacer nada por usted. Le vamos a pagar una indemnización para que tenga dinero hasta que encuentre otra cosa.. Lo siento, que tenga suerte -le dijo- y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Llegó por primera vez a su casa, desocupado

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía alguna cama o se arruinaba la pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que ésta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tendría que comprar una caja de herramientas completa. Lo haría con una parte del dinero de la indemnización.

Se enteró que en su pueblo no había ninguna ferretería y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo mas cercano a realizar la compra.

¡ Total estoy sin trabajo¡, pensó y emprendió la marcha.

A su regreso, apenas entró en su casa, lo llamaron a la puerta. Era su vecino.

-Vengo a preguntarle a ver si no tiene un martillo para prestarme.

- Sí, lo acabo de comprar pero lo necesito yo para trabajar... como me quedé sin empleo...

-Pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.

- Está bien.

A la mañana siguiente el vecino tocó la puerta.- Yo todavía necesito el martillo. ¿ porqué no me lo vende?

- No, yo lo necesito para trabajar y la ferretería está a dos días de mula.

Dijo el vecino:- yo le pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, mas el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?

Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otros vecinos lo esperaban en la puerta de su casa.- Hola vecino.¿ Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

-Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una ganancia por cada herramienta. No todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras. El ex-portero abrió su caja de herramientas y el vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

"No todos disponemos de cuatro días para hacer compras", recordaba.

Si ésto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un galpón. Algunas semanas después le puso una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Después, todos los compradores de pueblos mas lejanos le compraban a su ferretería.

Un día le dio al tornero para que fabricara para él las cabezas de los martillos, luego las tenazas, etc. En diez años, se transformó con honestidad y trabajo, en un millonario fabricante de herramientas. El empresario mas poderoso de la región.

Un año, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de lectoescirtura, las artes y los oficios mas prácticos de la época.

El intendente y el alcalde, organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador.

A los postres, el alcalde le entregó la llave de la ciudad, y el intendente lo abrazó y le dijo:- Es con gran orgullo y gratitud, que le pedimos nos conceda el honor, de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

-El honor sería para mí.-dijo el hombre. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

-¿ Usted?-, dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo. -¿ Usted no sabe leer ni escribir?-

- ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir, estoy asombrado, me pregunto, ¿ Qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?.

El hombre respondió: - Si yo hubiera sabido leer y escribir sería el portero del prostíbulo!!!"

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"Si crees que puedes, estás en lo cierto.

Si crees que no puedes, también estás en lo cierto".

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¿Cómo ando de mis prejuicios cuando pienso en buscar trabajo?

Quisiera dedicarme a algo diferente desde que quedé sin trabajo, pero ¡qué van a decir los demás si hago cosas para las cuales no estudié! O no va con mi estilo!

En la soledad creativa, hombres y mujeres pueden diseñar nuevas formas de incersión en el mundo laboral y social.

Si nos quedamos, como se dice hoy, en "no queda otra" nos puede agobiar la desesperanza y el miedo a no volver a incertarnos laboralmente.

 


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