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LA IMPORTANCIA DEL CONTACTO FÍSICO
PARA EL DESARROLLO ARMONICO DE LAS PERSONAS
Se trata de una medicina "no tradicional", que desde siempre se supo lo preventiva y curativa que es, sin embargo faltaba que entrara en el campo de la medicina tradicional para ser aceptada y valorada.
Un grupo de expertos en los últimos años, ha realizado valiosos aportes respecto a los beneficios que otorga el contacto corporal a través de la caricia, el masaje, tocar con las manos el cuerpo de las personas de todas las edades.
Se ha comprobado que reduce las hormonas del estrés, combate el dolor físico y emocional, fortalece el sistema inmunológico.
Recurriendo simplemente al contacto físico como forma tan simple de comunicación que usan los animales de muchas especies, en la naturaleza, de la cual formamos parte, se halla la sabiduría para muchas cosas, entre ellas, para curarnos también.
Kathleen Keating, autora de Abrázame, de California, dice que "el contacto físico no es sólo algo agradable; es algo necesario". Para ella, la "base lógica" del abrazo tenía profundos fundamentos: "El abrazo ahuyenta la soledad, aquieta los miedos, ayuda a dominar el apetito, alivia tensiones, ofrece una saludable alternativa a la promiscuidad, hace más felices los días felices, hace soportables los días insoportables, imparte sentimientos de arraigo y continúa ejerciendo efectos benéficos aun después de la separación".
La escritora e investigadora Diane Ackerman afirma en su libro Historia natural de los sentidos (Emecé) que "se necesita todo un ejército de receptores para crear esa delicadeza sinfónica que llamamos caricia". Y que, en definitiva, "todos los animales responden al tacto y a las caricias. En ausencia de contacto, las personas de cualquier edad pueden enfermarse y sentirse mutiladas".
En nuestro país, la doctora Fany Breitman, miembro de la Comisión de Pediatría General Ambulatoria, afirma que un niño necesita del afecto para poder vivir, y si bien el tacto es parte de su expresión más básica, el vínculo afectivo abarca otros factores, como la mirada, los gestos, las palabras.
Breitman ha tenido experiencias en hospitales, con niños que vivían aislados; que habían sido abandonados y atendidos por diferentes personas sin establecer un vínculo fuerte con ellas. Se observó que no crecían, no se desarrollaban mentalmente, quedaban como detenidos, se trata de un abandono emocional, de la privación de cariño y de amor.
Cada cultura tiene su forma de expresarse por medio del contacto físico, lo que importa son los mensajes que se transmiten cuando tocamos a una persona, sea un niño, adolescente o adulto.
Una madre, un padre o sustituto, deberá saber que siempre un contacto físico transmite algo, ese algo deberá ser un mensaje de amor, de compañía y de respeto por la persona, como también de protección, por que cuando una persona se siente contenida vence más fácilmente los miedos, transmitimos energía y vida con el contacto físico.
Muchos bebés de incubadoras fueron salvados gracias a las enfermeras, que transgrediendo las normas de la reglamentación tradicional, ‘que el bebé debe estar aislado, tranquilo’, hay enfermeras que los tocan, los acarician y los bebés responden en cuestión de minutos, dando señales vitales con movimientos corporales.
El contacto físico tranquiliza y según estudios ya realizados confirman que los neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina, transmiten bienestar psicofísico; reduce además el índice de muertes de cuna.
Lo mismo puede decirse de las personas de la tercera y cuarta edad en las que puede observarse decaimiento y falta de energía. Dar un abrazo, tocarles la cabeza, tomarle las manos por ejemplo, hacerles un masaje los calma y genera cambios fisiológicos que devuelven el bienestar biológico y emocional; y las palabras, el tono de voz que transmite comprensión, contención y respeto por su persona lo calman y ahuyenta los miedos.
La mayoría de las personas, a la hora de acompañar a un ser querido enfermo o abatido, no ‘puede’ comunicarse con el contacto físico, siendo la primera manera de comunicación del hombre primitivo y de muchas especies del reino animal; sienten una traba interior, dicen, y que no les sale con naturalidad.
Los humanos podemos aprender a acompañar y dedicar tiempo a ese alguien, sea bebé, niño o adulto, y el beneficio es mutuo.
En realidad, las personas de todas las edades cuando pasan por situaciones difíciles necesitan ser tratadas con comprensión y respeto. Una situación crítica en la cual está en juego la vida de un familiar, lo que puede hacer un especialista de la salud, por ejemplo, atender con respeto a los familiares, entender su sufrimiento y su miedo a lo peor. Proporcionarles con claridad la debida información que esperan, y brindarles apoyo humano. Es a veces la mejor medicina, y luego dicen los médicos: "solo un milagro lo pudo haber salvado", cuando a veces es el afecto y la contención que tuvo que ver; si es así, ¿No es ese el milagro?
Y al enfermo darle un trato como lo demanda la circunstancia difícil que vive, que necesita alivio y tranquilidad; es bueno hablar con él de su enfermedad porque sentirá que habla su mismo idioma, que a veces es el de la curación y le devuelve la paz y el gozo de seguir viviendo; otras es el idioma de la enfermedad terminal y el paciente no lo tiene claro, todos se lo ocultan y no puede cerrar situaciones inconclusas que le darían gran paz y tranquilidad. Posiblemente pocos somos los que estamos preparados para enfrentar con alguien el tramo final y acompañarlo.
Podemos comenzar a abrirnos un camino de cambios y transitarlo, comenzando por familiarizarnos con nuestro cuerpo, él es nuestro hogar donde habita nuestra existencia, es la parte visible nuestra que podemos tocar y dejarnos tocar. El maestro de Nazareth les dijo a sus discípulos: "vengan y toquen mi cuerpo, no soy un fantasma".
Las diferentes culturas se encargaron de descalificarlo al cuerpo, no se lo tocaba, además era considerado malo, la cárcel del alma, ahora podemos deshacernos de esos mandatos limitantes porque disponemos de herramientas para ello.
Comenzando por tomar conciencia de él, descubrir las relaciones entre sus diferentes partes, conocer sus movimientos.
Los músculos tienen un registro de todas nuestras vivencias, donde está escrita nuestra historia emocional, todo lo que hemos vivido, y se sigue grabando todo lo que vamos experimentando.
Si escuchamos a nuestro cuerpo: un órgano, un sistema, un músculo que habla por medio de un malestar o bienestar, podemos entrar en contacto con él para liberarlo de tensiones, cargarlo de energía y vitalidad recurriendo al masaje, el abrazo del oso, la risa como herramientas terapéuticas.


 


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